jueves 22 de octubre de 2009

Lacalle hosco, Larrañaga resignado, caras que cambian en poco tiempo

El miércoles estuve viendo código país y asistiendo a la faceta más desesperada de la fórmula blanca. Mientras Mujica y Astori ocuparon su tiempo anunciando su propuesta de gobierno: hablando de sus proyectos para la producción agro-industrial, las propuestas de reforma de la política impositiva, la mejora del sistema educativo y las grandes transformaciones en la salud, pude notar la falta y carencia de propuestas por parte del dúo Lacalle – Larrañaga. De todas formas algo tiraron, algo, alguito… luego de arrojar toneladas de bosta sobre la actual administración gubernamental (que cuenta con más del 50% de aprobación por parte de la ciudadanía, lo cual constituye una cifra histórica), habló de lo único que ha estado hablando y por lo que parece tan preocupado: la seguridad pública. Sinceramente, lo que escuché parecía propio de un gobierno autoritario: aumentar el número de cárceles, incrementar el nivel de represión por parte de los efectivos policiales (dicho de manera más retórica: “nombrar a un ministro del interior que no tema en aplicar todo el peso de la autoridad”), ya veo volver a Gianola, el mismo que carga con la muerte en los incidentes del hospital Filtro.
Pasaron los minutos y llegaron los equívocos, las tapadas de voz mutuas entre Lacalle y Larrañaga, la exasperación (propia del cuqui cuando ve que las cosas no son como él quiere), al final se tranquilizaron un poco cuando cayó sobre la mesa el tema de la educación (y otra vez, dale con el gobierno actual, que fue uno de los que más porcentaje del PBI invirtió en la educación); propuestas, lo que se dice propuestas, muy poquitas y flojas, Lo único aceptable fue el plan de orientación vocacional para los pre-universitarios; “bueh, al fin algo medianamente potable”, pero fue apenas un flash. El colmo de la tontería fue la referencia a la inversión de las butacas para el paraninfo.
Pasamos a las cuestiones económicas: otra vez habló de lo que pesa el Estado, claro, el gobierno blanco no tenía tantos funcionarios registrados, sino que la mayor parte de la plana no estaba regularizada (y nadie entraba por concurso sino por “dedurso”), sin embargo mis viejos recuerdan un estado bastante pesadito en el bolsillo durante el período 1990-1995, y también se acuerdan con pesar de los ajustes fiscales por la crisis eterna y la venta misteriosa de ciertos bancos (los muchachos Rohm, Benhamou, Grenno y otros tantos tienen algo que decir de ello), luego sigue una lista larga de etcéteras que no vale la pena mencionar.
La entrevista avanzaba y la cara de Luis Alberto se iba desfigurando más y más, Larrañaga parecía decir (“si hubiera ganado yo”), mi viejo y yo matándonos de risa, y el pobre Aldo sin saber cómo seguir la entrevista sin que Lacalle se ofendiese o pusiese a la defensiva.
Finalmente hablaron de los atorr… digo los pobres, lo cual confirmó lo que sostiene un amigo mío: a Lacalle no le molestan los pobres, sino que quiere pobres que laburen pero siempre cumpliendo con esa condición social; a ver si nos entendemos, democracia no es relajo, ¿quiénes son esos cara-sucias que exigen tener las mismas posibilidades y el mismo nivel que las clases dirigentes?, por favor, los pobres son necesarios, sobre todo si se dedican a cinchar sin chistar.
Seguridad, enseñanza y combate a la pobreza, lugares comunes, cosas que prometieron cuando formaron gobierno de coalición con los colorados y nunca cumplieron, ahora lo vienen a poner sobre la mesa y lo anuncian cómo gran novedad… en fin, parece que la capacidad de creer que la gente es estúpida y no tiene memoria es infinita; se tendrán que dar cuenta de que no es así (pero presiento que es tarde, el 25 está a la vuelta de la esquina).